jueves, 1 de enero de 2009

Herir sin armas

Sin ni siquiera pensarlo, simplemente las heridas aparecieron y era yo quien las provoqué. No usé arma alguna, no usé siquiera la intención de causar dolor, no usé mis manos, no usé mis palabras, no usé nada. Simplemente actué en base a lo que recibí, correspondí, nada más.
Cómo se hace daño cuando la sensación de dolor ni siquiera existe?. No se quiere hacerlo, no se quiere lastimar, no!. Lo que para unos es corresponder, para otros es herir. Todo está dado por las circunstancias actuales de cada uno, por los conceptos y significados de cada gesto, de cada mirada, de cada actuar.
Debo cerrar esas heridas sin armas provocadas sin intención y sin el sentido de hacerlas, debo acudir a un diálogo introspectivo y a la vez abierto sobre lo que hice y no hice, lo que dije y no dije. Debo retractarme quizás, pero con la certeza de que todo mi actuar fue honesto.

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