Hoy quiero hablar de la tristeza, no porque me esté apegando a ella, no porque crea que es un sustantivo escencial al que hay que referisrse, no porque últimamente haya visto a tantos/as que se han rendido ante ella, no porque se aparezca frecuentemente ante los ojos de ciegos que la reciben con las manos abiertas. No por eso, simplemente quiero hablar de la tristeza porque ella me ha pedido que se la tome en cuenta.La tristeza aparece y desaparece, a veces quiere quedarse y se resiste a dejar a quien la haya abierto las puertas. Otras veces sólo dice "hasta luego", abre la puerta, se va y regresa tan pronto como se fue.
La tristeza está aquí, no dice a qué ni por qué vino. Está, se muestra mediante unos ojos lúgubres y sombrios. Mediante cuerpos sin fuerzas y llenos de nada. Mediante voces apagadas y vacías. Mediante constantes respiros profundos y sonoros. También la tristeza hace eco de su presencia, se deja ver en su más clara apariencia, nunca pasa desapercibida.
A veces ni la propia tristeza sabe su razón de ser/estar. No lo sabe porque ella es un sin saber en si misma. No se contrapone a nada pero tampoco se muestra a favor.
Ahora quiero llorar porque ella está aquí, conmigo, a mi lado o en mí misma. Ahora quiero decirle "gracias" por mostrarme que la realidad no es solo sonrisas y alegrías. Ahora quiero sentirla a plenitud y dejarla que se quede cuanto quiera, pero no por largo tiempo. Solo lo suficiente para despertar en mí lo que estaba dormido. El silencio de lo que no se dice, lo que no se muestra.
Ahora que ha llegado, sé que pronto se irá, porque no hay nada más triste que la propia tristeza...