Recuerdo su cara, su voz, su dulzura al hablar y su sonrisa tan limpia y dulce.
Recuerdo sus ojos, su piel blanca y sus manos algo largas. Su silencio y su discreción.
Así era ella: joven, alegre, llena de una luz cautivadora.
Así era ella: tan simple y tan buena.
Su luz se apagó, su paso por nuestras vidas fue fugaz y cautivador. Llegó tan rápido como se fue. Quizás era requerida en otro lugar, quizás su bondad tenía que cruzar fronteras más lejanas, quizás otros tenían también que compartir con ella, quizás el cielo la esperaba, quizás...
Estás aún aquí con todos nosotros, con todos los que tuvimos la suerte de conocerte, de mirar tu sonrisa, de escuchar tu voz, de tocar tus manos y compartir su luz.
Estarás en nuestros corazones, en nuestras mentes y en nuestras vidas. Aún sin estar, estarás.
Descansa en paz Barbara...
viernes, 27 de febrero de 2009
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