lunes, 1 de diciembre de 2008

Pensamientos de media noche

Estaba en mi habitación oscura, un poco tarde, antes de la media noche. Oía los sonidos de los carros, las sirenas, los perros ladrando, unas puertas que se abrían y otras que se cerraban, gente murmurando en las calles, aviones aterrizando, luces apagándose. En fin, el día terminaba para la gran mayoría y para otros, apenas empezaba.
Para mí, el día estaba empezando a darme conclusiones, resultados, desenlaces…
Los ojos que se van cerrando y el corazón que se va abriendo hacia lo más profundo. Es un mirar hacia uno mismo, un mirar/se en la absoluta soledad. Durante la contemplación de uno mismo es cuando se puede ver con más certeza al resto y hacia cada uno de los sonidos que se producen en las muchedumbres.
Miré que no estoy sola, aún estándolo, miré que mis manos pueden producir mucho más que un saludo o una caricia, miré que mis ojos ven más allá que a esta pantalla de la computadora y sobre todo miré que soy mirada por otros.
Otros que están y no están, otros que hablan en silencio, que gritan sin vos, que tratan de aferrarse a rocas que se están derrumbando. Otros que viven en un mundo donde ya no cabe nadie más.
Es a ese mundo al que no quiero llegar, prefiero quedarme en mi habitación oscura. Prefiero mirarme en un espejo y aún sentir que puedo reconocerme. En esa media noche que se acerca mientras escribo estas letras, continúan los aviones pasando, los carros, las sirenas, los perros, las puertas, la gente, las luces…Y yo sigo aquí, pensando en lo que fue y en lo que será.

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